Hace apenas cuatro años éramos ateos y Gelo justificaba en la laicidad "do Concello e do Estado" el que no se celebrase la Navidad, no sé colocara una miserable bombilla en ninguna esquina, ni se gastase un solo euro en dicha festividad.
Estábamos condenados, especialmente los niños, a una Navidad sombría, triste, sectaria fruto de una mente comunistoide.
Tuvieron lugar las elecciones municipales, en las que perdió más de mil doscientos votos y, de repente, se le encendieron las luces. Ahora, poco a poco, se van iluminando calles y plazas, la Navidad está volviendo a Oleiros.